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Hotel la Caminera

Disfrutar - Tradiciones y costumbres

 - La vendimia y el mostillo

En septiembre, comenzaba una de las tres recolecciones importantes de la comarca: la vendimia, la recogida de la uva.

Después de la fiesta, en el mes de septiembre, el pueblo no presentaba un aspecto muy agradable que digamos. En sus calles se mezclaban los últimos montones de paja bajo las piqueras con los montones de basura en las puertas de las viviendas, portadas y postigos.

El calor pegajoso de principios de otoño y las moscas que se multiplicaban por los montones de basura y la paja, ponían un toque final de ambiente sucio, polvoriento y desagradable.

La recogida de la uva se hacía en parejas de hombre y mujer que, con un gran esportón, iban de cepa en cepa cortando los racimos con el llamado tranchete, hasta que lleno el esportón lo trasladaban a los capachos para su transporte con el carro y las mulas a la diferentes bodegas que había por aquellos tiempos en el pueblo.

Durante todo el día se veían por el pueblo los carros cargados con el dorado producto de la recolección, que iban y venían de la viña a la bodega, y de la bodega a la viña. Incluso de Castellar de Santiago llegaban carros cargados de racimos.

Al anochecer, la afluencia de carruajes era tal que éstos se veían obligados a formar cola en las portadas de las bodegas, hasta que les tocaba el turno de pesar la carga, lo cual se hacía sobre la marcha. La uva pasaba entonces directamente al molino eléctrico o a los lagares, donde los pisaores, con los pies desnudos y los pantalones remangados, la pisaban como si estuvieran bailando una danza singular.

En cualquier caso, el mosto, por una reguera en el suelo se conducía a un lugar llamado pocillo, que era una especie de depósito empotrado en la tierra desde donde luego se bombeaba a las tinajas de barro.

Por estas fechas tenía lugar la recogida del membrillo de algunas huertas, patios o corrales. Con este fruto y procedimientos caseros, la gente hacía carne de membrillo. Pero lo más apreciado para postres era el mostillo.

Se compraba por arrobas, que era la medida utilizada para el vino, mosto sin fermentar. Éste se colocaba en grandes calderas de cobre, y con harina y otros ingredientes, hirviendo en las dichas calderas, se convertía en una masa dulzona y rojiza, que se almacenaba en platos, donde se solidificaba hasta convertirse en un producto fácilmente cortable en lonchas, para consumirlo solo o con pan.

Otro producto sacado también del mosto era el arrope, un líquido oscuro, viscoso y dulce para untar en el pan y en el que se introducían trozos de calabaza manteniéndolos sumergidos hasta convertirlos en una especie de dulzaina casera.