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Torrenueva - Ruta de Senderismo - Los Molinos


 

Torrenueva se encuentra ubicada dentro de los límites de la provincia de Ciudad Real, a una altitud de 731 metros sobre el nivel del mar. Su término jurisdiccional se encuentra comprendido en el histórico Campo de Montiel. El Campo de Montiel es una comarca en el extremo sur de Castilla La Mancha, lindando con Sierra Morena y la Sierra de Alcaraz, que concentra 23 municipios. Las proximidades de Torrenueva al oeste con Santa Cruz de Mudela, a 8 km de la Autovía IV y al norte con Valdepeñas a 13 km, la convierten en un enclave idóneo para la red de comunicaciones, muy favorable para su visita y desarrollo.
 
            Restos arqueológicos en las proximidades del Jabalón, nos hablan de su posible antigüedad, creyéndose que corresponde con la ciudad oretana de Edeba. En su término se encontró el famoso “decenpondio” ( medida de peso) de la época romana del emperador Adriano. Pero el momento trascendental de su historia le llega en 1440 al obtener su “Carta Puebla”, privilegio concedido en Uclés por el infante de Aragón don Enrique, maestre de la Orden de Santiago que fue quien la repobló.
 
            El estado dela agricultura y ganadería torreveña queda bien reflejado a través del Honrado Concejo de la Mesta. El paso por sus vías pecuarias del ganado trashumante originó pleitos de importancia entre dicha institución y el Concejo de Torrenueva.
 
 
La aparición de la agricultura y la consiguiente recolección de cereales hizo necesario la trituración del grano con el fin de obtener la harina apta para el consumo humano. Como forma más antigua conocida para triturar los granos se encuentra la compresión y desgarramiento de éstos entre dos piedras juntas.
 
            Desde hace muchos siglos se tiene noticia de la existencia de molinos de agua en diversos lugares de la geografía universal. Ya en el siglo IX, los árabes establecidos en las riberas del Guadalquivir y posteriormente en los diferentes reinos ibéricos construyeron sus molinos de agua. Más tarde el Guadiana se fue inundando de estos singulares ingenios. Estos se distribuían por sus afluentes como el Jabalón cuyas riberas, sobre todo en el siglo XVI, estaban habitadas de innumerables molinos.
 
            El problema evidente que subyace a la creación de molinos de agua es que no podían ser construidos en lugares donde ésta faltase, con el consiguiente encarecimiento del producto que implica el transporte del grano a un lugar próximo donde se pudiera disponer de agua. Este problema sólo se suscitaba en Torrenueva durante el estío, ya que el río Jabalón, aunque de poco caudal, pero tan próximo al núcleo poblacional sirvió durante varios siglos para acoger hasta seis molinos de agua en sus márgenes.
 
            Aunque noticias sueltas refieren la presencia de alguno de sus molinos antes de la primera mitad del siglo XVI, no será hasta el año 1575 cuando las Relaciones Topográficas de Felipe II nos describan la presencia de cuatro molinos en la respuesta número 22 del interrogatorio:
-Estos molinos no muelen todo el año porque el río es de poca agua y si no es los inviernos lluviosos no muelen comunmente y si el invierno es muy lluvioso le falta que moler y por esto no pueden saber lo que rentan los dichos molinos por no moler de ordinario.
 
En la respuesta número 23 se añade: “En invierno van a moler al Jabalón y en el verano a Ruidera que está a diez leguas de esta villa”.
 
La siguiente fuente en importancia para el conocimiento de los molinos, la obtenemos en 1752 a través del Catastro de Ensenada. En él se dice que hay cinco molinos harineros cada uno de dos muelas, que pertenecen:
 
-Uno a don Gerónimo Galindo Bustamante, llamado de Arriba en la ribera de Jabalón, que muele con agua corriente 6 meses al año y produce en regulación de un quinquenio 50 fanegas de trigo.
-Otro así mismo de dos muelas en la ribera de Jabalón llamado de La Puente que pertenece por desiguales partes a don Gerónimo Galindo Bustamente, don Joseph Tomás Clavero, Pedro de Mata Gómez y Lucas Mateo su producto por año 60 fanegas de trigo.
-Otro así mismo de dos muelas en dicha ribera llamado de Juan Gómez que pertenece por desiguales partes a las monjas dominicas de la villa de Solana, don Juan Miguel Balanza, Pedro Moreno Ruiz y Pedro Galdón, su producto por año 80 fanegas de trigo.
-Otro también de dos muelas en dicha ribera llamado de Rosales que pertenece a D. Manuel Francisco de Rosales, su producto por año 40 fanegas de trigo.
-Otro así mismo de dos muelas en dicha ribera que pertenecen por mitad a D. Pedro Vélez y doña Ana Nieto, su producto por año 40 fanegas de trigo.
 
Con ello observamos que en este tiempo se ha construido un nuevo molino aunque realmente no sabemos cual de ellos.
 
La siguiente información referente a los molinos de agua la obtenemos el año 1795 a través del continuamente nombrado Diccionario de Tomás López. En él figuran seis molinos lo que significa que en el corto espacio que va de 1750 a 1795 se ha vuelto a construir otro molino. Lamentablemente no figuran los nombres de los molinos ni los dueños de los mismos.
 
Igual número de molinos se reseñan en el Nomenclator de 1863 que dice:
 
Ribera de Jabalón.-
Bajo esta denominación se comprenden dos casas de labor y cuatro casillas de hortelanos, SEIS MOLINOS HARINEROS y un chozo, aislados entre sí; distando de la cabeza del distrito (ayuntamiento) cuatrocientos diecisiete metros el más próximo y 2786 el más remoto.
 
                Tampoco reseñan el nombre de ellos, ni el de los dueños. Finalmente conocemos a través de un mapa del Instituto Geográfico y Catastral del año 1923 los mismos seis molinos de agua y, afortunadamente con el nombre de los mismos y la situación de ellos:
 
-Molino de los Frailes,que puede ser el mismo que en 1752 se denominaba de La Puente por estar cerca del puente de San Miguel.
            -Molino del Fresno.
            -Molino de Nuño.
-Molino de Rosales, es el mismo que en 1752 pertenecía al presbítero don Manuel Francisco de Rosales.
            -Molino de Cara, que está junto a la ermita de Nuestra Señora de la Cabeza.
            -Molino de Arriba, lleva el mismo nombre que en 1752.
                                                              
            Podemos dar aún, algunos datos aislados aunque de menor interés, pero creemos que lo más importante será dar la pertenencia de los mismos con el fin de valorar en que manos se encontraban estos ingenios mecánicos que a manera de seudo-industria se construyeron en la ribera del Jabalón.
 
            Atendiendo a la naturaleza de los dueños de los molinos podemos establecer los tipos de propiedad en las diferentes épocas.
 
            Durante los siglos XVI al XVIII, se solía dar en las villas de señorío, aunque también podía darse en otro tipo de poblaciones, los molinos de propiedad nobiliaria.  Así en Torrenueva encontramos en 1752 al hidalgo don Pedro Vélez, junto a doña Ana Nieto  como dueños de un molino.
            Así mismo era poseedor junto a otros el hidalgo don Miguel de Balanza, que era alcalde de Torrenueva por el estado noble en el referido año.
 
            Otros tipo de dueños eran los que pertenecían a instituciones de la iglesia, siendo varios de los que hemos tenido noticia en Torrenueva. Del año 1752 tenemos a:
-Don Joseph Tomás Clavero (presbítero de 78 años), dueño junto a otros del molino llamado de La Puente que con posterioridad fue conocido como molino de los frailes.
-Don Manuel Francisco de Rosales (presbítero de 49 años), dueño del molino de Rosales, y que posiblemente hasta hace relativamente pocos años se llamó molino de Camilo.
-Las Monjas Dominicas de la Solana que junto a otros tres poseían el molino llamado de Juan Gómez, uno de los más antiguos de la villa.
 
De los molinos de propiedad particular podemos decir que iban siendo más numerosos conforme nos acercamos al siglo XIX, aunque como vemos en Torrenueva ya los había con anterioridad. Tras las desamortizaciones de Mendizábal y Madoz, la propiedad particular fue creciendo en detrimento de la nobleza y de la iglesia. Así pues, la mayor parte de los dueños de molinos en los siglos XIX y XX hasta que dejaron de funcionar solían pertenecer a la naciente burguesía que se originó en el primero de estos siglos.
 
 Como es lógico el uso de éstos molinos necesariamente tenía que decaer al comenzarse a emplear máquinas movidas por distintas clases de energías: primero el vapor y luego la electricidad. En cualquier caso, bien merece dejarse atrapar por el encanto de estas graciles figuras que, al margen de su valor intrínseco como útiles al servicio del hombre han poblado de magia las riberas de los ríos, durante tantos años.
 
 
 
 
 
 
Bibliografía: Jiménez Ballesta, Juan: “LA VILLA DE TORRENUEVA EN SU HISTORIA”. Edit. Ayuntamiento de Torrenueva, año 2003.